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martes, 17 de enero de 2012

Vimos con la nave no lejos del puerto,
el viernes cuando velas desplegamos
una bella doncella que en la mano
llevaba un peine y un vaso.

Tormentosos soplaban los vientos.
Y el mar embravecido rugía.
La gente de tierra estaba abajo
y los marineros subían arriba.

Así habló el capitán de nuestra nave,
un hombre joven y valiente:
"Tengo en Bristol mujer e hijo,
pero temo que viuda quede."

Tormentosos soplaban los vientos.
Y el mar embravecido rugía.

Entonces así habló el joven grumete,
un chico muy bello que había que ver:
"Tengo más pena por mi padre y por mi madre
que la que vos tengáis por vuestra mujer."

Tormentosos soplaban los vientos.

Tres vueltas dio a nuestra nave,
y tres más ella volvió a dar,
pero sin barca todos cayeron
a una muerte húmeda en el fondo del mar.

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