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miércoles, 20 de octubre de 2010

El títere de la cabeza de calabaza

Al niño le encantó. Aunque fuese en un tugurio de una ciudad tan hospitalaria como traicionera, al fin consiguió pasar un buen rato en las villas bajas de Cadwallon. Y eso que en las villas bajas de la ciudad, la gente se había olvidado de reir para buscarse el techo, y con suerte, un hogar más grande.

Al niño le encantó la obra de títeres. De hecho, estaba tan contento que fue a darle las gracias a los titiriteros después de la obra. Entre la muchedumbre, algunos hurtando y otros siendo hurtado, pero no molestaron al joven, que sólo se acercó al escenario, aún montado. Allí vio unos cuantos títeteres inertes dislocados en el suelo. Se acercó a tocarlos. ¡Eran realmente preciosos! Pero no estaba su favorito de los que aparecieron en la función. ¡Qué lástima! Con ése títere se lo había pasado bien.

Un titiritero se acercó algo receloso mirando al niño y a sus títeres. El niño se asustó y se disculpó y acto seguido le dió las gracias por tan buen espectáculo. El titiritero se alegró de tal acto inesperado, y dijo que se lo iba a decir a sus colegas trotamundos con los que había venido. El niño se  entristeció. Era normal ver muchos viajeros en la ciudad, y el hecho de no poder ver la obra le apenó. Al ver que el titiritero tenía prisa en irse, el niño le preguntó si podía ver su títere favorito en la función...

¿El gigante de la calabaza? El tirititero  miró muy extrañado al niño, que parecía muy confuso ante la reacción. El tirititero le dijo que no había ningún títere gigante con una cabeza de calabaza en la actuación. El niño aseguró que sí fervientemente, ¡él no era un mentiroso!

Ante la insistencia del muchacho, el tirititero le llevó al baúl  donde estaban todos los títeres... En efecto, no había ninguno como el que el niño había relatado. Incluso un compañero del tirititero fue a ver lo que pasaba y, con más tacto que el primero, le dijo que no existía tal personaje en la obra, y a pesar de que el niño les recordase los momentos donde aparecía el gigante de la cabeza de la calabaza, él lo negaba.

Al cabo de un buen rato, los titiriteros tuvieron que disponerse a recoger y se marcharon. El niño comenzó a llorar, y deambuló de vuelta a casa solo por callejones vacíos de personas, pero llenos de suciedad.

Sin querer, tropezó con algo, y se quitó las manos de los ojos llorosos.

Ahí estaba el títere de la cabeza de calabaza.

Aproximadamente era de un metro de alto. Mucho más alto que los otros títeres. ¡Pero éste no tenía cuerdas!
Sus trapos verdes, marrones y blancos aparchetaban su indumentaria, y más escalofriante sin duda era su cabeza. De lejos no pareció darle tan malas vibraciones como de cerca. Una gran carabaza naranja, sucia y tapada en su parte superior por un trozo de calabaza cortado a modo de tapón, del que salía un rabillo donde otrora se unía a la planta. Lo más extraño era la cara, unos ojos macabros a modo de triángulos traían oscuridad, una oscuridad tan profunda que no podía alcanzar ni el fondo de la calabaza. entre ambos ojos, unos pequeños orificios a modo de nariz, y debajo, una boca tan ancha y con unos dientes tan afilados, que cuya grotesca sonrisa hizo que el niño soltara el gran muñeco.

Ante la pesada caída con la que cayó el muñeco, el niño se asustó. Tras la humareda, el títere se levantó de forma lenta, y le niño se llevó las manos a la boca.

Dos puntos etéreos verdes emergieron de la profundidad de las vacías cuencas de los ojos. Los cuantes limpiaron el polvo y la mugre que ahora manchaban el blanco de su traje. Una voz de chico sonó espectral desde lo oscuro de su boca, inmóvil:

- ¿Te ha gustado mi actuación? Ha sido divertida...

El niño se quedó inmóvil y mudo. ¡¡El títere hablaba!!

- Está bien, ya veo que no hablas...- El niño dejó soltar un grito ahogado. Ahora la voz había cambiado. Era la de una mujer de mediana edad-. Estoy buscando a unoas personas, pero creo que tú no sabes nada...

El títere dió un paso que parecía ligero, pero al quitar el pie, se podía ver una pisada profunda en la mugre. El chico comenzó a tartamudear:

- ¿Quién eres? ¿Y cuántos más hay dentro de tí?


El títere rió. Y aquella risa traída de ultratumba tambaleó la fe del muchacho, que corriendo, abandonó el callejón tan rápido como pudo.


Ahora el títere tenía que comenzar la búsqueda de los tres. En la ciudad de Cadwallon, algo oscuro iba a suceder...

Se puso un sombrero marrón y se perdió entre las sombras, para darles encuentro...

1 comentario:

  1. ¡Qué aterrador! DDD:
    Ahora no duermo T.T

    (Mi madre ha comprado una calabaza y la ha puesto en lo alto de la cocina... tengo miedo x_x)

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