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jueves, 17 de diciembre de 2015

El albor como la aurora.

El nido en la alborada bajo las nubes serenas.
Los campos de trigo infinito que llueven al lado de los dos olivos.
La media luna escondida con sabor a mar.
La seda que cubre suave el contorno del universo, dotándolo de forma y color.
La enormidad del tesoro en la playas apiladas sin arena ni mar.
Ese tesoro a la vista de unos pocos que nunca quisieron ver más allá de sí mismos.
Ese mismo tesoro que para uno que huele a verano es la cueva inmensa de Alí Babá dentro de una lámpara de carne.
Ése, que brilla como lo hace una moneda en el fondo de un estanque esperando a ser recogido.
Una moneda a cambio de una eternidad.

Es un trato justo.

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