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sábado, 13 de febrero de 2016

09:10

Últimamente me despierto sin saber dónde estoy.

Me está pasando demasiado. Más que de costumbre.

Intento ubicarme nada más despertarme, y una vorágine de luces y recuerdos espaciales me confunden para después salir a la superficie de la realidad a coger una bocanada de aire fresco. Y amargo. Sigo aquí. Sigo en Edimburgo. Vuelvo a la realidad que se torna lisa. Plana. Llana. Gris.

Como el cielo encapotado e infinito.

Luego el despertador sigue sonando. Pero no tengo fuerzas para levantarme. Ni voluntad. "Ya se callará".

Porque al final todo calla.

Odio despertarme perdido.

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