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sábado, 1 de abril de 2017

Nota atribuida a Aurora de Nedea a Eduardo Daponte. Año 1625.

Queda en la memoria los recuerdos dulces a través del vidrio turbio del Tiempo.
¿Qué será de mí, Don Eduardo, rey secreto de mis valles y praderas,
si cada vez que te veo te olvidas de mi y de todo lo que tuve y aún tengo?
¿Si cada vez que te veo me afloran por primavera las naranjas dulces y devengo
en una mártir de tu amor tachado por la indiferencia de tus esperas?
Que somos tierra y fuego. Que tejemos sinos distintos, tú con hebras doradas
y yo con algodones las hebras. Tú tan de Marte y yo tan solar.
¿Acaso no se forja el metal que esgrimimos con el calor del fraguar?
¿Acaso no visten los reyes oros y sedas? ¿Acaso el planeta rojo no nada
alrededor del Gran Astro Emperador?
Déjeme decirle, Don Eduardo que el sol que en mí guardo vive muriendo
que aunque usted no me vea como la reina de oros, mi naipe yace interno
esperando a que usted ceda ante mi más sincero asedio, por siempre eterno
y si tengo que renunciar a mis voluntades, será ante vos por siempre durmiendo.

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