jueves, 26 de agosto de 2010

Antes

- Está bien, ¿cómo fue tu cita, latin lover? Espera, ¡estás empapado! ¿Ha estado lloviendo?
- No, no ha estado lloviendo exactamente, no... Acabo de venir de la casa de Clara y necesito entrar...
- Anda pasa, pasa. Madre mía, estás chorreando tío. Siéntate ahí. Cuéntame, ¿qué pasó en tu gran noche? Aunque con esas pintas... ¡Mejor aún! ¡Cuéntame por qué estás mojado, seguro que va a ser muy divertido!
- Está bien... Estoy empapado porque he tenido que cruzar el jardín tuyo de atrás con los aspersores regando.
- Ah, vaya...
- Ya, bueno, ya lo sabes para la próxima vez. El caso es que antes de venir a tu casa  me he secado mientras venías, porque en el autobús no me dejaron entrar.
- Osea, que ya has estado mojado, ¿Qué diablos pasó antes?
- Verás, las personas que me mojaron antes fueron los padres de Clara. Y claro, fue mojarme y salir corriendo de esa casa...
- ¿Sólo con agua te quitaron de en medio?
- Hombre, y tanto, su padre había ido a por la pistola...
-¿Qué?
- Sí, tío. Me dijo lo típico, que "como vuelvas a acercarte a mi hija te juro que te..."
- Sabias palabras... Vale, vale, no me mires así.
- En fin. El caso es, que antes tuve que explicarles que ella y yo llevábamos seis meses juntos y que mantuvimos relaciones...
- ¿¡Se lo dijiste!?
- Tío, tuve que darle explicaciones... Sacaron un condón que usamos Clara y yo hace tres días.
- Y la familia más creyente del todo el pueblo se acabó enterando que la hija del favorito del "pastor" ya no es pura y casta ¡y que se lo ha montado con el más shungo der barrio, colegah!
- Se te olvida lo de que es el jefe de policía.
- Es verdad... Lo siento tío, vas a estar fichado de por vida. Deja que me ría. Bueno, ¿qué paso antes de eso?
- Antes... me descubrieron en el ajo.
- ¿Qué hiciste antes?
- Les rompí una ventana.
-¿¡Qué!?
- Sí, tío. Seguí tu consejo súper cursi de ir a tirarle una china a la ventana de Clara y decirle que la quería "más que a nada en el mundo" desde el jardín. Sólo que me pasé de fuerte.
- Y por eso salieron sus padres. ¿Tuviste antes la oportunidad de hablar con ella?
- Sí, antes de que se encerrase en su cuarto y me mandase a la mierda. Entonces fui al jardín...
- Espera, espera. Creo que esto lo sé, ¡verás tú qué risas! ¿A que le hiciste aquello que te dije que le hicieras en esos momentos? Jaaajajajaaa, espera, esp...
- Sí, le hice "éso" que sabes que no le gusta y que no sé en qué cojones estaría pensando para hacerlo, y no, al contrario de lo que tu decías, no le gusta.
- Ooops... creía que sí le gustaría que le hiciesen "éso" al menos es lo que me he enterado por ahí.
- No tienes ni idea, y yo, como un tonto haciéndote caso... Espera, ¿me das consejos sobre rumores que escuchas por ahí?
- Sí, ¡oye oye! que algunas funcionaron. ¿te acuerdas de aquélla vez que te dije de hacerle "éso otro"?
- Sí... eso fue muy divertido.
- ¿Y la "operación helicóptero"? Sirvió, ¿eh, pillín? Ése día seguro que triunfaste.
- No, eso no. Me pegó una patada ahí abajo. Delante de todas sus amigas. Fue por lo que rompimos.
- Bueno, bueno. El caso es que... no sirvió lo que te dije.
- Sí, y por tu culpa, me has chafado el intento de reconciliarme con Clara. Mira tío, estoy HARTO de que me digas lo que tengo que hacer con las mujeres, sólo porque hayas oído guarrerías del tío más salido de clase.
- A veces acierta, si supieras lo que ha dicho de Verónica qué quiere no se qué contigo...
-¡Cállate! Mira tío, me caes bien pero no pienso volver a escuchar algunas de tus ingeniosas estratagemas para que me vaya bien con algún ligue. Así que paso de tí y paso de Verónica... ¿Qué has dicho de Verónica?
- Que quiere tema contigo, y yo sé exactamente qué quiere...
- ¡Ah! antes de ir a casa de Clara, me encontré con Verónica, fíjate tú...

miércoles, 25 de agosto de 2010

El Rey Fauno

La tierra tiembla, está hendida.

Y los fantasmas supuran de lo más profundo del árbol.
Reptantes. Pestilentes.

...

Dentro del caos que Zaroaster tenía dentro de su mollera, logró percibir un atisbo en el húmedo aire de aquél bosque etéreo. Y decidió doblar su cintura para refrescar su olfato.

El Sol no llegaba a tocar el cada vez más fangoso suelo. Zaroaster lo hacía en su lugar.

En efecto. El aire desprendía un hedor extraño.

Quietud.
Niebla.
Silencio.

Siguió caminando. A cada paso que daba, hundíanse las botas en la pequña capa de fango, quizás porque el Rey Fauno llevase algo más que carne y sangre en su interior, quizás porque aquello que aquejaba a ése bosque aullante se encontraba cerca.

Nada. Ni su mandoble con runas hacía ruido al chocar con guijarros agonizando en el barro.

Entre los árboles, la niebla iba disipándose hacia un negro que emanaba de las cortezas, y orgulloso, acaparaba poco a poco las altas y muertas copas.

A lo lejos, un claro.

Levantó sus ojos entrecerrados y se apartó el mechó de su melena salvaje y rubia y se hizo una pequeña trenza en el cogote.

recogió su mandoble y volvió a caminar.

Un pájaro graznó y levantó el vuelo, seguido de la mirada entrecerrada de Zaroaster, que se perdió en el negro abismo.

Un aullido en el claro.

el Rey Fauno cercó la mirada con tranquilidad. Estaba cerca. El Gran Árbol Muerto se impuso, descubriéndose con una mágica reverencia tras avanzar unos pasos.

Quietud.

No dudó, agarró el mandoble élfico y lo lanzó pesadamente, describiendo una trayectoria fugaz que terminó con un sonido apagado. El mandoble pesado, hundido en el tronco, vibrando.

Nada.

Una mano cruzó la línea del fango con el aire hediondo, y deseosa, se apoyó en la superficie.

El suelo tembló.

Una figura blanca emergió del tronco, vacilante, con la cara ladeada y suspicaz.
-No encontrarás sino la sombra de tu conciencia. El ser al que persigues está aquí presente mas etéreo, deseoso de enloquecer tu mirada.

Pero Zaroaster siguió observando su espada.

-La tierra tiembla, está hendida. Y los fantasmas supuran de lo más profundo del árbol. Reptantes. Pestilentes.

Los susurros del ser blanco calaron en el oido del Rey Fauno. Sonrió. "Enloquecer. Dichosa blanca mancha. La locura es la real naturaleza de mi ser, necio"dijose.

Del suelo salió el tercer cuerpo de fango, carne y dientes. Y el primero ya iba a por él.

La capa de Zaroaster dibujó un crículo en el cielo al ser arrojada hacia el demonio, cayendo en sus fauces. El Rey Fauno sin dudar, saltó hacia la cosa, rodando y hundiendo su codo en el plexo solar de la criatura, noqueándola.

Rodeó el claro ante la atenta mirada del sér etéreo, ladeado, y de un salto alcanzó el mango de la espada con las manos.

Balanceándose, consiguió subirse a la espada y observar el claro desde arriba. La segunda criatura, expectante, rompió el sonido con un aullido ronco, y reptó hacia el tronco del Árbol Muerto.

Zaroaster colocó sus piernas en el tronco y se impulsó, liberando la espada, quedando en el aire. Haciendo honor a su enemigo, cayó pesadamente, y antes de caer en el enemigo, precipitó su espada contra la serpiente de carne.

Pero no sufrió daño alguno, pues con la misma inercia rodó, agarró su espada y la volvió a lanzar contra el tercer ser que osaba mantenerse en pie.

La espada sesgó la vida y "cabeza" del demonio, desapareciendo en el fango sumergido en la niebla que cubría buena parte de la bota del Rey.

El ser etéreo miraba.

Zaroaster, le devolvió la mirada y encauzó su cuerpo a recoger su mandoble en el lodo.

Quietud.

Mas cuando estaba a punto de recoger su arma, su camisa recibió un lance del primer demonio, repuesto del noqueo, acechante en el lodo.

Zaroaster hundió la cara del demonio con una patada, ahogándole en su propia pestilencia, y ensartando su espada en su joroba, para no ver más que el negro olor del lodo.

Sangre en el costado.

El fantasma dibujó una sonrisa.

"Enloquecer"...

Removió la cabeza. Sacudió su cuerpo. Sus pupilas no tardaron en dilatarse. ¡Él era el que estaba loco!

Arrancándose la camisa, dejó ver su cuerpo cruzado en tinta verde. Curvas y triskeles , ahoras manchadas por una pantalla roja, comenzarón a brillar.

El Fantasma se desvaneció para aparecer en la espalda del Rey Fauno, con una daga espectral, para lleváselo al terreno abisal. La daga, rauda, intentó cruzar la carne, pero queó la mano del Fantasma. El tatuaje no lo permitiría. Para eso él era el Druida.

Con un codazo, separó al Fantasma de sí. Iracundo, agarró el mandoble, ahora brilante y giró, para separar el cuerpo etéreo en dos.

Un chillido ensordecedor salió de la boca del Fantasma, y todo el Negro del bosque huyó frenéticamente por su boca, para no volver más.

Con un estruendo, Zaroaster retrocedió dos pasos.

y como si nada hubiera pasado, el Sol, inundó en una fracción de segundo, el profundo bosque.

Zaroaster se colocó el yelmo del Rey y continuó su camino, en busca de un río en el que sanar sus heridas.

martes, 24 de agosto de 2010

Hellboy. La Leyenda de la Llorona. (Fanfiction)

Asturias, España. 1950.

- Verás Hellboy, corren tiempos difíciles en este país, y este pueblo necesita tu ayuda en estos años tan oscuros. Corren los rumores de que algo malo ocurre en el bosque.
- ¿Alguna bestia o vampiro?
- No exactamente. Verás. Se trata de la Llorona...

"Cuenta la leyenda que una bella Xana vivía tranquíla en un manantial en lo alto del bosque. La Xana cantaba y se peinaba su dorada melena con un peine dorado, y todos los años, bajaba en la noche de San Juan para ganarse el corazón de algún hombre descuidado.


Hace cinco años, soldados del régimen interrumpieron nuestra celebración de la noche de San Juan. La Xana sintió que aquellos extraños se iban a aprovechar de la buena gente del lugar y escapó con su amado a lo más profundo del bosque.


Cuando los soldados vieron que faltaba el enamorado, hicieron una partida de búsqueda para matarlo, alegándo las prácticas de brujería que iba a usar contra el dictador.


En lo profundo del bosque, cuando los enamorados estaban escondidos, los soldados le llamaron por su nombre y confundieron al joven. El joven, creyendo que serían sus compañeros, se encontró a los soldados que sin más le fusilaron.


La Xana, dolida, salió a su encuentro y hállose con los soldados. El capitán de la partida la agarró y la violó. Antes de ser fusilada, la Xana desató su ira enloqueciendo y deformándose, y llamando a su odiado custodiador la Culébre, acabaron con los soldados del régimen. 

Pero ya era demasiado tarde. Aquella Xana ya sólo sollozaba de dolor para siempre y desde entonces no distingue amigo de enemigo, y su Culébre ataca a vecinos y ganado."

-Hellboy, eres el único que puede detenerla.
- Ya veo...
- Antes de que te marches... ¿Nos ayudarás a esta pobre anciana y a su pueblo del régimen? El pueblo se muere de hambre...
- Hablaré con mis superiores...




En lo más profundo del Bosque se encendió el penúltimo cigarrillo.

- Veamos, la vieja dijo que "el llanto de la Llorona..." ¿Cómo diablos era? Ehm... "En el bosque profundo, ya no sale agua del manantial moribundo, sólo reptan llantos y lágrimas, ahora iracundos..."

En ése momento los búhos y aves nocturnas levantaron el vuelo. Empezó a ulular el viento. y la maleza comenzó a moverse.

- ¡Qué cojones... ! Si no hace viento... Espera. Ese sonido no es del aire...

Casi al instante el sollozo se detuvo, y en la oscuridad de la noche, lo único que rasgaba el silencio eran el crujir de las ramas y arbustos. Sacando el revólver de la funda, y elevando la antorcha para ver mejor, vociferó:

-Sal de donde quiera que estés, ¡niñata del infierno!

Alrededor del hombre rojo en la noche azul, el llanto se oía bastante claro, pero no parecía tener un origen exacto.

- No me hagas perder el tiempo.

Avanzó unos pasos hacia delante y otros hacia los lados, dibujando figuras inconclusas de fuego en la noche. Y supo que estaba realmente cerca, y que vendría acompañada.

Entonces, la Llorona, gritó.

Gritó tan agudo que le pitaron los oídos al grandullón, que llevándose las manos a las orejas, no vió llegar a la Xana  por un lateral, con las zarpas podridas extendidas.

Hellboy cayó de lado, y el arañazo le sesgó gabardina y piel, brotándole una hilera de sangre que manchaba su ropa. Con la mano de piedra, envió un derechazo a la cara de la Llorona que salió despedida hacia atrás, ahogando un aullido.

-¡Blegh! ¿Qué diantres es esto? ¿Lágrim..? ¡Ahh!


 Un cuerpo alargado y serpenteante agarró a Hellboy por la cintura y lo lanzó contra los árboles, rompiendo algunas ramas con un sonido sordo. Allí estaba la Culébre, pero no podía verla. Entre un golpe y otro, la antorcha había salido volando y ahora estaba apagada.  Hellboy se llevó la Mano del Destino manchada a la nariz y un fuerte olor familiar le sacudió las ideas. Pero la Culébre estaba atacando de nuevo...

- No veo una mierda...

El cuerpo del reptil volvió a rodear al muchacho, y de la cabeza de la bestia relucieron todos los dientes, directos hacia el torso de Hellboy, que con mucha suerte fueron a dar en el otro costado.

- Hijo de...


Con las dos manos le abrió las fauces al animal, y con una rama sorprendió a la bestia inmovilizándole las fauces.


El animal retrocedió varios metros, confuso y desorientado, y la Llorona  fue en su auxilio.


- Joder, con las víboras estas... -aprovechó la situacióny se dispuso a tantear objetos en sus bolsillos. Una vez listo, sonrió-. ¡Eh! ¡Venid aquí, tengo un remedio rural para vuestras lágrimas iracundas!


Cortada la rama, la Llorona y la Culébre le miraron, aullaron y se lanzaron a por él. la Llorona, más veloz se dispuso ante la Culebra, con las zarpas encendidas y los ojos inyectados en lágrimas.


TCHASSSSS...


Un rayo de fuego salió de una cerilla y fue a inundar la Mano del Destino en llamas.
Sin más, lanzó un derechazo con esa mano de piedra roja, ahora incandescente, y agarró a la Llorona  por la mollera.


BLAM!

un segundo estallido de fuego, contagiada de lágrimas negras a toda una cara sollozante, que prendió como madera seca en verano.


Tanto estallido de luz momentáneo cegó tanto a Hellboy como a la Culébre, pero para la Culébre era demasiado tarde, no podía parar, y estaba tan pegado a la Llorona, que  justo después del estallido blanco de luz, un resplandor rojo de humeantes brasas vivas asomaban por la garganta de la Culébre, zanjada por la derecha de Hellboy, algo exaltado, ante tales hechos.


Con un movimiento de mano,  se deshizo del cadáver carbonizado de la serpiente, y  con otro, lanzó el cuerpo quemado de la Llorona.






Arréglose la ropa, y con el último nuevo cigarro en boca emprendió, sangrando, el camino de regreso al pueblo.


FIN

lunes, 23 de agosto de 2010

Al-Azif

música de fondo, comenzar en 0:46

Jaime cerró la puerta, tiró las llaves y abandonó la mochila en la entrada.
Aún mojado por la lluvia, fue a sentarse en el sofá, preparado para leer aquél libro que el anticuario le había casi regalado con extraña ansiedad disimulada.
Levantó la mirada y vió la hora, que señalaban cerca de las diez.

"Al-Azif..." leyó.

Un grillo se hizo notar al tocar la cubierta del libro. Desvió la mirada extrañado, pues no era verano.

Abrió el libro y pasó las primeras páginas, llenas de garabatos que discretamente, parecían rasgar el papel y advertir al joven.

Otro grillo intensificó al primero. Jaime, asqueado, buscó con la mirada el origen del grillar, pero hizo caso omiso. El libro era más sugerente.

Y se detuvo en la primera página con signos leíbles. Si de algo le servía la Universidad era por el latín. Pero ése latín no era tan legible como creyó.

Sostuvo la mirada y el pensamiento tanto, que poco a poco, empezó a descrifrar aquél extraño lenguaje entre tanto grillo:

"Que no todo lo que yace está muerto..."

Los grillos, chirriantes, susurraban al oído de Jaime, haciéndole levantar, y sin quitarle un ojo al libro, hizo aspavientos para acallar la voluntad de los insectos, mientras susurraba palabras vacías. Miró la hora, sin reparar que eran las nueve menos diez.

"Da igual, a ver qué sigue..." Lo sudores fríos rezumaban de su espalda a ritmo de los grillos que cada vez emanaban de más allá de la oscuridad, uniéndose al jolgorio del desierto mental que se estaba creando en la mente de Jaime...

"e incluso con los extraños evos..."

Las pupilas se le dilataron. El reloj marcaba, sin él darse cuenta, las ocho y cuarenta y dos. Con un hilo de baba colgando de los labios, los grillos poblaron el desierto que su mente fue originando. El sonido era tan fuerte que le parecía algo ajeno. Tenía que terminar la frase que comenzaba el libro...

Estaba cerca de poder leer las letras que se le descubrían, pero no podía verlas bien. Los grillos, a pesar del ruido, estaban lejos, pero ya, a pocos centímetros del papel, flaqueó, entornó los ojos, y devorado por el sonido de los insectos, devorado por los demonios, entonó el cántico que le cerró al abismo de la locura:

- Incluso la muerte puede morir.

Un grito rasgado despertó del libro, y un despertar espectral emergió trayendo un hedor de más allá de las estrellas...

El último lugar en la Tierra

Y al fin llegó al fin del mundo.

Aparcó a un lado de la carretera tras horas de trayecto. Pero no apagó el motor. Ahora comenzaba a sonar la última canción en la Tierra, y no quería perdérsela.

Radiocassette

Salió del coche encendido y bajó la ventanilla  y encendió un pitillo como el último caramelo de su vida.

Qué amargo.

Tosió.

El pulso le temblaba.

Indeciso, le pegó varias caladas seguidas.

Miró a su alrdedor, y creyó haberle oído.

El radiocassette no dejaba de sonar en aquellas praderas de roca y marrón que emergían de la carretera. Como levantando el vuelo. Como escapando de la carretera.

Esas praderas ascendían tanto de un lado de la carretera como de la otra, que pasaban a ser faldas de montañas en el horizonte, lo suficientemente elevadas como para hacerle sentir indefenso e ínfimo.

Todos tenemos un Fin del Mundo, más o menos acogedor. Más o menos bonito. Pero aunque sea el único lugar en el mundo donde nadie te pueda encontrar, hay Fuerzas que pueden cruzar ese santuario.

La canción llegaba a su fin, y el viento empezaba a soplar.

Tiró el cigarrillo, y se sentó en el capó del coche.

Nunca debió haber cruzado la línea. El umbral que su amigo y él habían cruzado no agradó demasiado al otro lado.

Y eso que su amigo estaba loco de remate. Y cuando más lo pensaba, más razón tenía. Quizás por eso le decían que era el "Demonio".

Pero no, si realmente fuera así habría aguantado más en ese momento. Qué imbécil. Mira que pronunciar esas palabras y durar tan poco.

-Yo he visto al Demonio, y no se parecía en nada a tí.

Pero ya daba igual. El viento comentó a soplar aún más fuerte y el radiocassette paró.

Y lo que tenía que pasar, pasó.

Proyecto Gaia (Cthulhutech)

Año 2085.
Innsmouth, Massachusetts.

- ¡Eh! Chaval, quiero que te limpies la cara y mires a ver quién está llamando a la puerta del taller. Si es Josh, dile que se vaya a la mierda, ¡que no me venga con deudas! Ya estoy harto de sus sandeces. Vamos, chinito, por el amor de Dios, ¡si estás lleno de grasa!
El joven se quitó los cascos de su reproductor de música, salió de debajo del autodeslizador, que más que un autodeslizador parecía un arcaico automóvil de combustión. Desde que se idearon los nuevos sistemas energéticos S2, habían sustituído los automóviles por autodeslizadores, que realmente, no distaban de un automóvil. Alejando con un ademán al obeso su jefe, se llevó un trapo a la cara, y se quitó el pañuelo de la cabeza que sostenía su melena negra.
- ¡A ver cuando se entera que no soy chino, crecí aquí, pero a usted éso no le importa!
- Como vayas por ahí te vas a quedar sin sueldo. Me da igual que te parezcas a un japo o a un chino, todos sois iguales, joder...

El joven hizo caso omiso de las estupideces del viejo Smith. Para el viejo Smith, el taller era lo único que le quedaba después de servir al ejército del Nuevo Gobierno Terrestre contra la constante invasión Mi-Go. Pero eso es otra historia que ahora le causaba más bien poca espectación.

Una vez llegado a la puerta automática del taller, abrió el videotelefonillo, y extrañado vió a dos hombres de negro.

Nada bueno podría significar aquello.

-¿Quién es?
- Disculpe, somos de la Agencia de Inmigración de Massachusetts, ¿sería tan amable de dejarnos pasar?

El mecánico abrió la puerta, y los hombres no dudaron en entrar.
-¿Es usted el señor Okazaki? ¿Hikumo Okazaki?
- Sí, soy yo.
El viejo Smith se asomó desde una esquina y atónito, disparó temeroso de ser "descubierto":
-¿Qué quieren?
-Sólo hablar con el señor Okazaki- Y dirijiéndose a Hikumo, se dispuso a continuar-. ¿Sería tan amable de acompañarnos a la agencia? Tenemos problemas con los documentos que establecen  su nacionalidad norteamericana.
-Mis papeles están en orden, creo que se equivocan de persona. Todo el mundo sabe que soy de aquí. Crecí aquí.
- Pero no nació aquí, señor Okazaki. Por favor, resolvamos esto en un lugar apropiado. Le ruego que nos acompañe.
Hikumo miró a viejo Smith. Smith no quería problemas. Y su silencio ordenaba a Hikumo que se librase de "esos tipos" aunque tuviera que irse con ellos. No quedaba otra. "Qué hijo de puta", pensó. Tras una pausa, masculló:
- Está bien. Me cambio y ahora salgo.

Mientras Hikumo se cambiaba y se aseaba tan rápido como podía, mantenía el silencio, esperando escuchar alguna palabra de ayuda de su jefe, que aún inútil resultase, pudiera demostrar algún afecto hacia su único trabajador.

Pero no.Ni una palabra.

Salió dando un portazo, y ahí estaba su jefe, callado como un crío, rezando a los dioses por si aquellos hombres de negros realmente estaban por el chico o si era una excusa para cogerle y llevarle al talego por evasión de impuestos. En esos días, la presencia de un hombre negro podía significar cualquier cosa mala: desde reclutarte para la guerra hasta para meterte un puro que jamás habrías hecho. Sí, eran corruptos. Total, casi la población humana está destruida y la que queda está luchando contra esos alienígenas. Nadie se iba a enterar si te roban por acuerdos "legales" tus ahorros para subsistir.

Pero obviamente no iban a por el viejo, ya no le quedaba nada en su cuenta (y su pecado era lo que le daba de comer), de hecho, ya era la tercera vez que le robaban en la semana. Pero no quitaba que fuese un cerdo cobarde que le dejaba con el culo al aire. Egoísta de mierda. Ni le miró.

Salió afuera, y estaba nublado, como siempre. La pareja le abrió la puerta a un autodeslizador negro, que encendido, esperaba.

Hikumo miró a su izquierda y a su derecha. No había nadie en la calle. Ni los pájaros piaban en los tres árboles pelados que quedaban en el parque de entrente, junto al mar.

Desganado, se metió. Cerrada la puerta del auto, inició su ruta.

La ventana sólo mostraba  calles sucias con periódicos yacentes en las aceras, y algún que otro auto mal aparcado. No había nadie en la calle, y si lo había, era algún tullido, que en trance esperaba redención bajo cualquier alegre y colorida publicidad animada.

Pero era lo que había. El Nuevo Gobierno de la Tierra, de propósitos puros, justos, alentadores y unificadores estaba lleno de garrapatas si salías de sus edificios, que prometían defender los mismos valores, sólo que algo tergiversados. Había dos opciones, o morir en la guerra contra esos insectos de Neptuno, los Mi-Go, o malvivir con la pistola tras la gabardina. Pero había personas buenas, claro, que en las pocas cuidades legales de la Tierra, y daba el caso que Massachusetts no era la más pura y casta.

Dejado Innsmouth, llegaron a la autopista, y continuaron el camino que siempre había que tomar para la cuidad.

Los grandes anuncios que el NGT desplegaba a lo largo de las autopistas dejaban mucho que desear. Pecaban de demasiado ingenuas al pensar que al publicar fotos de tropas felices y unidas iban a captar más público...

- Esperen, por aquí no se llega a Massachusetts, luego dirán que no soy de aquí...
- Siento decirte joven que no vamos a Massachusets. Tranquílizate, Nueva York queda a cuatro horas de aquí.
- ¿¡Qué!? ¿¡A dónde cojones me llevan!?
- Eh, eh, no te preocupes, el NGT te necesita. Vas la pieza clave fundamental de un proyecto. Un proyecto secreto. Digamos que tienes ciertas cualidades que nos interesan mucho. No vamos a hacerte daño. Sólo queremos darte una oportunidad a tí a los tuyos, y estás en buenas manos...
-¿¡ De qué cojones estáis hablando!? ¡Quiero salir de aquí!
Hikumo goleó el metacrilato que lo separaba de la pareja de hombres.
-¡Cálmate!- bociferó el conductor, y mirando con desgana al asustado, le confesó al compañero-. No me gusta se las den de chulitos estos fantasmas. Ponle éso.

Se veía que el chófer no era de los que le gusta hablar. El más comunicativo no dudó, y apretó el botón, sumiendo  la fría cabina de Hikumo en una relajada y mullida suite donde poco a poco llegó la calma
-¿Fantasm... a?

Esa era la última vez que Hikumo estaría en  Innsmouth. Lo que no sabía, era que lo que le esperaba en Nueva York, desafiaría los límites de su conciencia y humanidad, de lo sensible y de lo que escapaba a las sensaciones. Pero era sólo el principio. Aún quedaba mucho para llegar a Nueva York
-Geralt, pon música anda.

Un mito africano sobre las ranas

     En una época en el que el agua escaseaba. Hombre pasó un tiempo pensando y se dio cuenta de que, en esas condiciones, acabaría muriendo y no se volvería a levantar. Así que Hombre envió a Perro para que le preguntara a Dios si volvería a renacer, como las flores de temporada, tras la muerte.

"No sólo el gato negro da mala suerte"
     Perro emprendió la marcha siguiendo el rastro de Dios. Pronto le distrajo el aroma de una sopa y se dejó guiar por su hambre hasta el lugar de donde proveníoa tan delicioso olor. Con tumbarse alli al lado, mirándola hervir. Perro era feliz, así que olvidó su mision.

     Viendo que Perro se había perdido, Rana decidió encargarse él mismo de ir a ver a Dios y decirle que Hombre no quería volver a vivir. Si Hombre renacía, pensó Rana, seguro que encenagaría los ríos y destruiría el lugar de cría de las ranas.

     Por fin, Perro llegó ante Dios para comunicarle el mensaje de Hombre. Tumbado, cantó suavemente entrelazada con su aullido la petición de Hombre de renacer. Dios quedó emocionado por la devocion de Perro por Hombre.

     Pero le concedió su deseo a Rana, porque había llegado antes.






Aunque sea el primer relato con el que inauguro el blog, he de decir que no es mío, sino que es una historia que siempre me gustó al enseñar que también las ranas traen malos augurios, junto con los gatos negros y serpientes.